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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Restauración de la naturaleza

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RESTAURAR NO ES SUFICIENTE   I. Restaurar es admitir el daño Cada vez que se aprueba un plan para restaurar la naturaleza, se reconoce algo fundamental: hemos ido demasiado lejos. Si hay que restaurar ríos, es porque los hemos alterado. Si hay que reforestar, es porque hemos talado. Si hay que recuperar suelos, es porque los hemos agotado. En ese sentido, toda restauración es un gesto necesario. No es despreciable. Es mejor reparar que seguir ignorando. Pero reparar no equivale a corregir la causa. II. Restaurar mientras se expande es contradicción El problema no es que se restauren espacios. El problema es que se restauran mientras se sigue ocupando. Se anuncian hectáreas recuperadas al mismo tiempo que se proyectan nuevas infraestructuras. Se celebran reforestaciones mientras se amplían autopistas. Se habla de regeneración mientras el modelo general sigue creciendo. Esto no es restauración profunda. Es compensación funcional. Y la naturaleza no funciona como una c...

🐺 El lobo y la falsa cuestión del número

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Durante décadas, el debate público en torno al lobo ibérico ha orbitado en torno a cifras, censos, informes técnicos y proyecciones. Una danza de gráficos y estadísticas que pretende responder a una pregunta tan repetida como equivocada: ¿Hay demasiados lobos? Para unos, el lobo es una “amenaza” que supuestamente se expande sin control. Para otros, es una especie vulnerable que requiere protección. Sin embargo, ambos bandos suelen compartir —consciente o inconscientemente— el mismo error de origen: considerar que la legitimidad de la vida del lobo depende de su cantidad y su impacto sobre los intereses humanos. El debate numérico, aun cuando se use para defenderlo, acepta el marco mental del dominio humano sobre la naturaleza . Y es precisamente ese marco el que debemos cuestionar. 🌿 Una especie que no pide permiso para existir El lobo no requiere nuestro permiso para vivir. No debe probar su “utilidad ecológica” para ser digno de protección. No tiene que demostrar que su...

Habitar la Tierra en conexión con la naturaleza

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  Antes de que existieran leyes ambientales, conceptos como “gestión de recursos” o indicadores climáticos, los seres humanos habitaban la Tierra guiados por una intuición fundamental: vivir es pertenecer. No como una tesis filosófica, sino como una experiencia inmediata, evidente, cotidiana. La existencia dependía del ciclo de las estaciones, del agua disponible, del suelo fértil, del respeto a los ritmos naturales. Y esa dependencia generaba cuidado, atención, límite. En muchas sociedades tradicionales —y en muchos pueblos actuales que resisten la ruptura cultural moderna— la vida humana no aparece separada de la vida del resto, sino entrelazada con lo que la rodea. El monte no es un paisaje; es un espacio que nos acoge, nos alimenta y nos exige responsabilidad. El río no es solo recurso hídrico; es continuidad, memoria del territorio, garantía de futuro. Los animales no son fauna ajena; son presencias que comparten mundo, maestras de supervivencia y equilibrio. No se trataba de ...